El día que hablé demasiado poco

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El día que hablé demasiado poco (y aun así me equivoqué)

Comienzo con tres preguntas, de esas que no buscan respuesta rápida:

  • ¿Cómo sabes que una sesión virtual funcionó, más allá de que “todo salió bien”?
  • ¿Qué haces cuando el grupo participa… pero no se mueve nada por dentro?
  • ¿Cuándo fue la última vez que cambiaste una decisión en vivo porque algo no estaba ocurriendo?

Hace poco facilité una sesión virtual con un grupo pequeño. Bien preparado, diverso, con experiencia. Decidí hacer algo distinto: hablar menos.
Menos explicaciones.
Menos contexto.
Más espacio.

Hasta ahí, todo bien. O eso creí.

La sesión fue silenciosa. Ordenada. Respetuosa.
Demasiado.

Al cerrar, nadie se fue molesto. Nadie se quejó. Nadie pidió más.
Y, sin embargo, me quedé con una sensación incómoda: no había pasado nada relevante.

No por exceso.
Por defecto.

El error no fue callar. Fue no sostener.

Con los años uno aprende —a veces a golpes— que hablar demasiado estorba.
Así que decidí correrme. Dar espacio. Confiar.

Pero confundí dos cosas que no son lo mismo: silencio y presencia.

Yo estaba ahí… pero no estaba sosteniendo el proceso.

Había silencio, sí.
Pero no había tensión.
Había tiempo… pero no había dirección.

Ahí estuvo el error.

Primera verificación

¿Cuándo generas silencio en tus sesiones, sabes qué estás esperando que ocurra?

Ese día, no lo tenía tan claro.

Facilitar no es ocupar espacio. Tampoco abandonarlo.

A veces hablamos demasiado.
Otras veces, nos retiramos antes de tiempo.

Ese día entendí algo simple y nada cómodo: la presencia del facilitador no se mide por la cantidad de palabras, sino por la calidad del sostén.

Sostener no es explicar.
Es marcar un ritmo.
Es cuidar un foco.
Es estar disponible para intervenir cuando hace falta, no cuando el guion lo dice.

Me retiré demasiado pronto.
Y el grupo quedó flotando.

Lo que vi después (y no quise ver en el momento)

Revisando mis notas, apareció algo evidente: había buenas preguntas, pero ninguna estaba conectada con la anterior.
Eran interesantes.
Pero no conversaban entre sí.

El grupo respondía… como quien responde encuestas.
Correcto. Educado. Superficial.

Ahí anoté una frase que no tenía antes, y que no me gustó escribir:

“El silencio sin intención no abre reflexión; abre dispersión.”

Segunda verificación, directa

¿Qué tipo de silencio estás creando cuando facilitas virtualmente: fértil o cómodo?

No es una pregunta técnica. Es ética.

Lo que cambié después (sin anunciarlo)

No rehíce el programa.
No añadí actividades.
No sumé herramientas.

Hice tres ajustes mínimos:

  1. Nombré lo que estaba ocurriendo, incluso si era incómodo.
  2. Acompañé el silencio con una intención clara, dicha en voz alta.
  3. Intervine antes, no para cerrar, sino para profundizar.

Y algo cambió.
No fue espectacular.
Fue real.

Facilitar también es arriesgar el clima

En coaching ontológico aprendí que las conversaciones que transforman no son las más limpias, sino las más bien acompañadas.
En facilitación virtual pasa igual.

No basta con diseñar espacios.
Hay que habitar esos espacios con presencia consciente.

Ese día confirmé algo que hoy sostengo sin romanticismo:

“El facilitador no es protagonista, pero tampoco es espectador.”

Estamos ahí para sostener lo que emerge.
Aunque no sea elegante.
Aunque no esté previsto.

No fue un gran error. Fue uno fino.

Nadie lo notó.
Yo sí.

Y esos errores —los que no se ven— suelen ser los más valiosos.

Porque no te obligan a corregir técnicas.
Te obligan a revisar desde dónde estás facilitando.

Para cerrar (sin cerrar)

Te dejo tres preguntas. No las compartas. Úsalas:

  • ¿Qué estás dejando de sostener en tus sesiones por miedo a intervenir?
  • ¿Dónde confundes presencia con ausencia “respetuosa”?
  • ¿Qué ajuste pequeño podrías hacer mañana para acompañar mejor el proceso del grupo?

Facilitar no es hablar bien.
Ni callar a tiempo.
Es estar ahí cuando hace falta, incluso cuando no sabes del todo qué va a pasar.

Eso, al menos, es lo que sigo aprendiendo.

Te invito a dejar tu comentario en mi Blog y compártelo con otros.

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