- ¿Alguna vez has tenido que tomar una decisión rápida en medio de una sesión virtual?
- ¿Has sentido que, en cuestión de segundos, tu credibilidad y la energía del grupo estaban en juego?
- ¿Y te has preguntado si la verdadera maestría del facilitador se mide en esos pequeños instantes, más que en todo el plan de la sesión?
- ¿Y te has preguntado si la verdadera maestría del facilitador se mide en esos pequeños instantes, más que en todo el plan de la sesión?
Recuerdo con nitidez una formación de facilitadores virtuales que realicé por Zoom, con estudiantes conectados desde México, Colombia, España, Argentina y los Estados Unidos. Era un mosaico de acentos, culturas y expectativas. El entusiasmo era contagioso, pero como suele ocurrir en la virtualidad, el momento incómodo llegó: lancé una pregunta clave y lo único que recibí fue un silencio prolongado. Diez segundos. Quince. Veinte.
El chat se quedó mudo, las cámaras apagadas parecían muros, y yo sabía que tenía apenas un instante para decidir. “¿Espero más tiempo, confiando en que alguien rompa el hielo, o intervengo yo para rescatar la dinámica?”
Ese es el dilema que quiero compartirte hoy: tomar decisiones en 60 segundos.
En la virtualidad no hay tiempo de pedir receso. No puedes salir del aula, caminar un pasillo y pensar. Aquí el reloj corre y la atención se te escurre. Un segundo de más puede hacer que un grupo se apague. Uno de menos, que pierdas la oportunidad de que los participantes se arriesguen.
Y entonces aparece la esencia del aprendizaje organizacional: ¿confío en el grupo y en su proceso, o me aferro al control? ¿Qué pesa más: mi comodidad o su protagonismo?
En esa sesión decidí callar. Silencio. Miré a la cámara con paciencia, dejé que la incomodidad se hiciera visible. Y de pronto, una voz tímida desde Quito rompió el hielo: “Bueno, yo puedo intentarlo…” Ese instante cambió todo: la conversación se abrió, las cámaras empezaron a encenderse, y el grupo descubrió que también ellos podían sostener la tensión.
Lo que aprendí ahí lo repito en mis formaciones: “El silencio también enseña; es incómodo, sí, pero puede ser el mejor maestro.”
Déjame hacerte una pregunta de verificación: ¿cuántas veces interrumpes el proceso de aprendizaje por miedo al vacío? Y otra: ¿estás entrenando tu capacidad para decidir en segundos, o solo confías en que la sesión fluya sola?
El aprendizaje virtual, como la vida, está lleno de decisiones rápidas. No todas son perfectas, pero todas enseñan. Y esa es la gran paradoja: el facilitador no solo enseña contenidos, también modela cómo se decide bajo presión.
Para ti que me lees
Quiero dejarte tres preguntas de reflexión:
- ¿Qué dilema reciente enfrentaste en tu rol como facilitador y cómo lo resolviste?
- ¿Qué hubieras hecho distinto si tuvieras que decidir de nuevo?
- ¿Te atreves a dar a tu grupo 15 segundos más de silencio la próxima vez, confiando en que ellos también saben sostener el proceso?
Mi invitación es clara: atrévete a entrenar tu capacidad de decidir en 60 segundos. No rehúyas los dilemas: abrázalos como parte de tu crecimiento. Como suelo decir: “En cada decisión rápida se revela no solo el facilitador que eres, sino el líder que eliges ser.”
Si te interesa profundizar en la formación de Facilitadores Virtuales en la Metodología del Aprendizaje Acelerado, me encantaría conversar contigo. Puedes contactarme en:
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