¿Te ha pasado que das una instrucción clarísima (según tú) y al volver del breakout room todos traen cara de «nadie entendió»?
¿Te encontraste alguna vez frente a una pantalla con 20 personas conectadas, convencido de que tu mensaje fue claro como el agua… y resulta que fue como hablar en otro idioma?
Bueno, a mí sí. Y te lo cuento con café y sinceridad.
Hace un tiempo, me conecté vía Zoom con una empresa de inversiones inmobiliarias ubicada en Rosario, Argentina. Mi único contacto directo era el Director General: visionario, encantador. El resto del equipo estaba compuesto por personas brillantes, con edad promedio Spotify. Y un asesor de RRHH… bueno, digamos que era de la era pre-Google y con cara de «no me vengas con teorías modernas, che».
Empiezo mi sesión. Ritmo, energía, storytelling, todo muy #AprendizajeAcelerado. Lanzo una actividad. Pido que reflexionen en grupos sobre una pregunta. Cortita, directa… ¡o eso creí! Cinco minutos después, regresan:
- Unos hablaron de otra cosa.
- Otros esperaban una segunda instrucción.
- Y uno se quedó viendo el fondo de pantalla esperando que la idea se revelara sola.
Y el señor conservador dice: «Con respeto, Adrián… ¿podrías ser más claro la próxima vez?».
¡Pum! Directo al ego. Y al corazón del aprendizaje.
¿Claros o solo entusiasmados? Esa es la pregunta.
En lo virtual, no hay espacio para ambigüedades. No hay lenguaje corporal completo. No hay ese «ajá» con los ojos. Por eso, un facilitador profesional necesita algo más que saber: necesita traducir.
Como digo siempre: «La claridad no es repetir mucho, es decir lo justo».
Entonces, hagamos la lista de compras:
- Instrucciones paso a paso. Como receta de cocina, no como poema libre.
- Palabras de calle, no de tesis doctoral.
- Pausas para chequear: «¿Me expliqué? ¿Lo repito distinto?»
- Resumen al final: porque repetir lo clave no es redundancia, es amor pedagógico.
Volví a lanzar la actividad, esta vez con una pregunta proyectada, modelo en pantalla y ejemplo en voz. Y les pedí que me dijeran con sus palabras lo que iban a hacer.
¡La magia ocurrió! El señor conservador sonrió. (Una sonrisa, lo juro. Testigos hay).
Porque comunicar no es adornar, es alinear.
Te dejo dos preguntas para afinar tu próxima sesión:
- ¿Te aseguras de que tus participantes entiendan lo que tú entiendes?
- ¿Diseñas para que brillen ellos… o para que te aplaudan a ti?
Y tres para reflexionar antes de dormir:
- ¿Cómo sonaría tu sesión si la explicaras con emojis?
- ¿Hay espacio para la duda en tus instrucciones?
- ¿Estás dejando espacio para que la claridad se construya entre todos?
Si algo de esto te tocó una tecla, escríbeme. Y si no… también. Siempre estoy afinando, como buen facilitador de aprendizajes con swing.
Con café, risa y mucha pasión por decir mejor,
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