Si hay algo que caracteriza al ser humano es su cerebro. Pero en la formación tradicional es poca la información que reciben los docentes acerca de esta maravillosa e intrincada red de relaciones eléctricas, fisicoquímicas, y energéticas, de la cual depende el aprendizaje de sus clientes, y la cual regula todas nuestras actividades cotidianas, incluso el aprendizaje.
“El cerebro humano ahora tiene la clave de nuestro futuro. Tenemos que recordar la imagen del planeta desde el espacio exterior: una entidad única en la que el aire, el agua y los continentes están interconectados. Ese es nuestro hogar.”— David Suzuki
Nuestro cerebro contiene varios billones de células, entre ellas unos 100.000 millones de neuronas y casi 100 trillones de interconexiones en serie y en paralelo llamadas sinapsis, las cuales proporcionan la plataforma física que permite el funcionamiento cerebral.
Gracias a estos circuitos formados entre las células nerviosas o neuronas, el cerebro es hábil para procesar información sensorial que proviene del entorno y de nuestro propio cuerpo y mente.
Nuestro cerebro, es un gran trabajador que labora en jornadas de 7 x 24 y no cesa de ocuparse de nosotros, incluso cuando dormimos. Desempeña funciones de sensor, funciones motoras, e integra otras asociadas, menos definidas, con diversas actividades de nuestra mente. Seguramente, no es nada ajeno el saber que prácticamente todos los procesos relacionados con el aprendizaje, tales como el lenguaje, la escritura, la memoria y las emociones, están controlados por el cerebro.
El conocimiento científico y la comprensión de cómo funciona nuestro cerebro, está apenas comenzando. Algunos señalan que estamos en el siglo del cerebro humano, porque hemos comenzado por revisar su intrincada conformación, para intentar comprenderlo. Pero lo poco que hemos descubierto y que nos asombra, es limitadamente conocido en el ámbito educativo, especialmente por quienes tenemos la responsabilidad de educar a otros.
El conocimiento sobre cómo funciona el cerebro y en consecuencia sobre cómo debe ser la experiencia de aprender con base en ese conocimiento, es escaso en las aulas de nuestras escuelas universitarias de educación, y en la formación de los docentes de aula de escuelas, colegios, liceos y universidades.
Diseñar un proceso educativo con base en la comprensión de nuestro propio cerebro y del de nuestros Socios de Aprendizaje, implica conocer sus funciones básicas, para luego aplicar dicho conocimiento en las prácticas de estudio dentro de los ambientes donde el estudiante realiza su labor de aprender, bien sea en la escuela, en el salón de clases, en la biblioteca o en el hogar.
Te recomiendo hacer un breve sumario de este artículo, para compartir lo que aprendiste. ¡Gracias por leer!
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Hola Adrián, el tema del cerebro es algo fascinante, una vez que uno entra en ese mundo de interconexiones neuronales pareciera entrar en un túnel que te lleva a nuevas aventuras, es un reto conocer la actividad del órgano que controla la vida en todo sentido de nuestro cuerpo, las ilusiones y fantasías. Es un tema del que nunca vamos a dejar de aprender.
considero que actualmente estamos viviendo en un tiempo en el cual el uso excesivo y mal direccionado de la tecnología a hecho que muchos no desarbolemos ciertas cuestiones del mismo cerebro y estar en busca de la zona de comford esta zona de la cual lamentablemente en un futuro se pudiera presentar excuses de talentos por lo que es importante bizcar alternativas para distintas áreas de estudio que impacten nuestra vida diaria buscando el desarbolo humano y tecnológico para que ala par se desarrolle el cerebro de cada persona con nuevas ideas
Totalmente de acuerdo, Octavio. La tecnología debe ser una extensión de nuestra inteligencia, no su sustituto. Si no cultivamos el pensamiento crítico y la creatividad, corremos el riesgo de atrofiar el cerebro mientras alimentamos la máquina.
hola que tal Adrián!, para mí el cerebro se asemeja al corazón, no somos conscientes de sus funciones ni de la maravilla que son, más cuando hacemos cambios con propósito real y nos esforzamos por cumplirlo y vivir en conciencia, siendo amables con él, vemos como todo se equilibra de una mejor manera, todo fluye, descubrimos la resiliencia, la crítica constructiva, valoramos cada paso que damos para que sea significativo y escriba una mejor historia, y así funciona hacia el interior, y cuándo nos atrevemos a ver por la ventana de nuestros socios de aprendizaje las oportunidades, la transformación, los colores y las posibilidades se vuelven infinitos, sin duda una experiencia que en muchos casos suma más al que comparte que al que está aprendiendo y eso solo es un pedacito de la corteza, quizá sea así para no dejar de sorprendernos y maravillarnos con la experiencia de aprender y crecer.
Qué hermosa reflexión, Nidia. Has descrito el aprendizaje como un acto de amor consciente: cuando el cerebro y el corazón se sincronizan, el conocimiento deja de ser solo comprensión y se convierte en transformación. Aprender, entonces, es un modo profundo de cuidar la vida.
El cerebro humano es una herramienta muy compleja y fascinante, capaz de descifrar complejos casos, son embargo es posible utilizarlo de manera eficiente transmitiendo información o bien obteniendo nuevos conocimientos, ¡excelente Articulo Adrián!
Así es, Jonathan. El cerebro no solo procesa información: crea significado. Cuando aprendemos con intención y emoción, no solo almacenamos datos, sino que transformamos la manera en que pensamos, sentimos y actuamos.
Buena tarde, este articulo aparte de lo que implica el cerebro físicamente me transporta más al tema del aprendizaje ya que de niños es muy fácil aprender cualquier cosa y con el paso del los años se modifica esa condición por la información ya cargada en nuestro cerebro y las creencias que nos formamos, me pregunto si es mas fácil aprender o desaprender ? porque debe haber un reprogramación de la información en nuestro cerebro para re-aprender algo ya antes conocido.
Excelente reflexión, Lucía. Justamente ahí reside la clave del aprendizaje transformador: desaprender para volver a aprender. No se trata solo de incorporar información nueva, sino de liberar espacio mental y emocional para que lo nuevo encuentre dónde florecer.